viernes, 14 de diciembre de 2012

El hombre contenido. (Mandsome, 2012, dir. Morgan Spurlock)

Por José Terrats

Al hombre moderno le han quitado sistemáticamente esos rasgos que expresaban su masculinidad de tal forma que hoy por hoy el hombre postmoderno no sabe cómo ser hombre en estos días. Todos esos distintos movimientos y reacomodos sociales, el mercado, la publicidad y un largo "etc."  han ido minimizando esas manifestaciones "despreciables" y brutales del reinado simbólico del "hombre" como génerico de la especie humana...ese desprecio por las manifestaciones de lo masculino en sus "extrañas" formas empezó por atacar ese "símbolo" y han dejado sin certezas la forma de "ser hombre", nuestras culturas no le dejan espacio a ese saco de testorena llamado hombre. Pero ¿qué tan importante es que el hombre mantenga esos rasgos para mantener esa bestia y ese depredador apaciguado, en paz, contenido para que el universo funcione o simplemente para mantener el equilibrio?
 No por nada las culturas ancestrales "aceptaban" y le daban espacio a esa energía vital (que alguien tacharía de negativa) tan necesaria para mantener el equilibrio a través de rituales de paso que rayaban en lo absurdamente violentos o simplemente a través de esas guerras donde el depredador se apaciguaba y encontraba su punto de equilibrio o su camino (Véase el "Camino del samurai"). La violencia es necesaria como también son necesarias esas figuras y espacios simbólicos y reales para drenarla, expresarla y ejercerla. Esa fuerza vital es lo que movió a este mundo y es dolorosamente necesario encontrar una forma de canalizarla.
 Se habla mucho de la fragmentación del símbolo de la masculinidad no sólo en esos torpes rituales del performance que asegure la reproducción y por ende la preservación (donde el hombre tiene "permiso" bajo ciertas condiciones de ser lo que varios memes le siguen dictando a su ADN) pero después, en lo cotidiano, el hombre tiene que ser todo lo contrario a esa historia evolutiva escrita en sus entrañas, debe ser algo que niegue lo que ha sido. El hombre debe ser reservado, frugal, adulterado, políticamente correcto, liviano, afeitado, inocuo y contenido es lo que esperan todos por el bien del equilibrio social y pareciera que los espacios en los que se podía ser "feo, fuerte y formal" ya no aplica, ese hombre con energía hoy por hoy deberá contentarse con expresar su masculinidad viendo futbol, jugando videojuegos o simplemente buscando "aplastar" su instinto en rituales de autodestrucción propuestos por el mercado o la publicidad. En lugar de drenar o canalizar toda esa energía como lo hacían los antiguos hombres en la cacería o la guerra, el arte o todas esas antiguas prácticas que los hombres antiguos tuvieron a bien utilizar para lidiar con esa energía que corre por sus venas (violencia latente) se debe contentar con entornos "controlados" para mostrar su verdadera naturaleza. El coartar ese flujo hoy en día acarrea otro grave problema: el hombre  es más violento que nunca y manifiesta su violencia de maneras aún más extremas y menos sanas para mantener el equilibrio simbólico (¿no valdría la pena reflexionar sobre la explosión de violencia en nuestro país a partir de que no hemos tenido un desahogo de esa energía negativa contenida desde nuestra revolución? )...el hombre debe ser más de lo que histórica, social y culturalmente se espera de él y los grados de incertidumbre no sólo han impactado en la construcción de género, los momentos de vida o los símbolos de cohesión social, sino en esa salud mental para canalizar ese impulso de vida. En pocas palabras un lugar para Ser hombres sin que esto traiga consigo un costo social, cultural e histórico que después tengamos que lamentar o evitar pagar.
Según este documental dirigido por Morgan Spurlock, el territorio de lo masculino es más incierto que nunca y vale la pena echarle un ojo para entender que lo que nos hace hombres en estos días postapocalípticos es encontrarnos "un lugar", un espacio y un camino donde podamos ejercer nuestra masculinidad con la consigna siempre poderosa de manetener el equilibrio y no morir en el intento.

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