jueves, 31 de enero de 2013

El caso Cassez o de cómo normalizamos lo indefendible



Por Aline Ross

Sí, Cassez salió libre y regresó a la Francia donde seguro está disfrutando una crepa así como nosotros regresamos del extranjero directo a pedir unos tacos al pastor. Mientras tanto aquí a punta de tuits y feisebukazos muchos expresan su indignación. Pero ¿qué es lo indignante? ¿Qué no lo es? ¿el hecho de que haya salido?, ¿el hecho de que Loret de Mola haya reconocido que lo que transmitieron era un montaje lo que equivale a sembrar información? o¿ el hecho de que todo nos lo traguemos como si nada y a la otra mañana simplemente sigamos sintonizando la siguiente simulación del momento?.
Hoy en día hay que preguntarse qué de la información que nos dan es verdad y qué no, ¿llegamos al punto en el que simplemente tenemos que asumir que lo que nos dicen es cierto?, estamos ya en ese momento de la historia de la comunicación?; para eso hay líderes de opinión, comunicadores ¿ o no?, ¿qué tanto los medios son responsables y qué tanto esta responsabilidad recae en los que consumimos la información? y es inevitable dejar de hacer una analogía con una película que vi recientemente; en los juegos del Hambre los espectadores nos aterramos al descubrir en la trama cómo aquella sociedad ha asumido el hecho de que sus hijos serán elegidos para ser asesinados cada año en una fiesta de sangre mediatizada a todo lo grande como las Olimpiadas. Vemos escenas donde está transcurriendo la vida cotidiana, madres en sus labores, los jornaleros en su faena mientras ven el programa de TV donde niños son cazados y privados de la vida por otros en una lucha por sobrevivir. Los primeros minutos uno se pregunta ¿qué clase de guion es este, tan sórdido?, después uno piensa, esto no es diferente de la realidad que vivimos en el país. ¿Que está bien y qué está mal? Lo que para algunas tribus sigue siendo un ritual de paso de la niñez a la adolescencia para nosotros es un crimen, sin embargo, nuestra mirada se ha acostumbrado a ver y dar por normales escenas oscuras como por ejemplo ver niños pobres viviendo en la calle, leer en el periódico sobre las ya incontables muertes por el narco, los feminicidios o en este caso el que los medios nos den información falsa. ¿Cuál es la diferencia? Usamos los lentes de la normalidad para hacer manejables noticias que en otros países serían simplemente inaceptables. Es cuando viene algún amigo extranjero y se asombra ante lo que ya no es visible a nuestros ojos, cuando nos damos cuenta – algunos – de lo mal que estamos y de lo terrible que es esta ceguera autoimpuesta.
Vivimos una fantasía mediatizada, lo sabemos pero lo asumimos. Cuando sintonizamos un estación de radio, le prendemos a tal canal o leemos en algún periódico una noticia, la responsabilidad cae de nuestro lado, es nuestro momento de empoderamiento ¿pero estamos conscientes de ello?. En los años que he hecho investigación a través de múltiples proyectos sobre la comprensión de los consumidores y los ciudadanos he aprendido que en México tendemos a ser pasivos en la forma en la que consumimos información. Estamos hoy en un momento crítico donde tenemos que asumir un rol más activo en la relación que establecemos con los medios. Haciendo grupos de discusión durante años he visto como la gente ante temas críticos o de importancia social o política pone la culpa en manos del otro, del gobierno, de los líderes, de los políticos, del esposo, de los hijos, de los vecinos, de los otros pero nunca en ellos mismos. ¿Cuándo vamos a darnos cuenta que tenemos el poder de cuestionar lo que nos dicen o lo que ponen frente a nuestros ojos? ¿Cuándo vamos a asumir un rol más ciudadano y menos de masa? Asumir la responsabilidad de informarnos más a fondo, de preguntar, de intercambiar puntos de vista con los demás, de proponer soluciones. No diré que no hay quien actúa, se genera un fenómeno de efervescencia en las redes sociales ante eventos de este tipo donde se caen máscaras y se revelan las verdades, sin embargo estamos tan poco acostumbrados a tenerlas de frente que no sabemos ya como relacionarnos con ellas y preferimos dejar que se apacigüen hasta desaparecer. La verdad es incómoda, más que cualquier mentira bien vendida y empaquetada. Al final del día es como con cualquier otro producto, uno termina consumiendo un shampoo que no necesita sólo porque el empaque es brillante y sobresale. Todo es normal, en el paísdenopasanada todo es jodidamente normal.
Hoy la noticia está pasando ya, la vida sigue, el perro ladra, el vecino se pelea con su esposa, el tráfico persiste, la fuga de agua de la esquina sigue sin reportarse, la basura se apila en las coladeras, los transeúntes se dirigen a sus trabajos bajo el frío de la mañana… es simplemente un bello día más en el país de la ficción.

lunes, 14 de enero de 2013

La plasticidad de la memoria

Felisberto Hernández
Los recuerdos vienen, pero no se quedan quietos. Y además reclaman la atención algunos muy tontos. Y todavía no sé si a pesar de ser pueriles tienen alguna relación importante con otros recuerdos; o qué significados o qué reflejos se cambian entre ellos. Algunos parecen que protestaran contra la selección que de ellos pretende hacer la inteligencia. Y entonces reaparecen sorpresivamente, como pidiendo significaciones nuevas, o haciendo nuevas y fugaces burlas, o intencionando todo de otra manera.

viernes, 11 de enero de 2013

Lo inútil es bello

Lygia Fagundes Telles
Tienes que amar lo inútil. Crear palomas sin pensar en comerlas. Sembrar rosas sin pensar en plantar rosales. Escribir sin pensar en la publicación. Hacer todo sin esperar nada a cambio. La distancia más corta entre dos puentes podría no ser una línea recta, sino una trayectoria curva que amalgama lo mejor de la vida.
Hay que amar lo inútil, porque la belleza es inútil

jueves, 10 de enero de 2013

Fragmento

Por Eduardo Lourenço

Yo pertenezco a la clase de lectores que no saben leer libros sin leer los libros. O mejor dicho, sin libros para leer. El saber consistía en la necesidad de poseer conocimientos, ensartando como las cuentas de un rosario en el alambre de la memoria aquello que se atisba en cada novela, aquello que está escrito y no escrito en cada poema. Lo que yo buscaba era siempre una idea acerca de quién era realmente el hombre y cuál era su lugar en el mundo, pero el mundo no se suspende a nuestro alrededor en este período de espera. Hemos cambiado nuestras ideas y las ideas, a su vez, mutan nuestro comportamiento. Vivir no es tanto un comportamiento como una idea.